lunes, 24 de enero de 2011

El Principito y la Rosa




El principito ¿hombre?, la rosa ¿mujer?.
Si para él, ella representa el verdadero amor, por quien vale la pena “perder” el tiempo, porque más allá de saber de la existencia de otras rosas, ella es su responsabilidad; ¿qué es para la rosa el principito? Una compañía, y una responsabilidad también.
Si una mujer representa una rosa que embellece el planeta del ser que la ama (o el hogar de una familia), ¿qué necesita para no dejar de ser “bella”? Sabemos que tan solo los cuidados externos que su “marido” pueda brindarle, con todo el amor posible, no es suficiente. Ella necesita cuidar su esencia, y así como el principito cuida su planeta, ella no debe abandonar el propio. Como relata el cuento, la rosa debe aprender a soportar las orugas si quiere conocer las mariposas, y tolerar el frío de la noche, porque su naturaleza se lo posibilita. Entonces ¿no entregarse a la tentadora comodidad que ofrece un marido, a veces confundido?
¿A qué se refiere el principito con “la rosa” a una persona, o aquello que nos hace importantes, nuestra esencia?
Cuidar la rosa, ¿es cuidar nuestra esencia o cuidar a alguien más?
¿Es primero el amor a uno mismo para luego el amor a los demás, o al revés?
¿Es el aprender a amar a los demás lo que me ayuda a amarme a mi misma?
¿Es el amor algo que para ser, debe ser recíproco, y en qué radica esa reciprocidad?
¿Radica en decidir “perder” el tiempo juntos, o en cuidarse mutuamente?
¿Será que debemos cuidar lo más débil del otro, que no es siempre lo mismo que el otro debe cuidar de nosotros?
¿Qué sucede cuando, lo más fuerte en mí no tiene quién lo cuide y por ello se debilita?
¿Soy yo misma en ese caso mi rosa?
La rosa florece sola, pero vive gracias al cuidado del principito, ¿qué sucede con la esencia del principito? ¿No la pierde al embelesarse con la rosa? ¿No deja de ser él mismo? Tal vez no si sigue cuidando también su planeta.
Por otra parte ¿Debe elegir cuidadosamente cada uno qué flor cuidar? ¿Acaso hay una en especial para todos? O será simplemente la que la vida te haya presentado.
Entregar tu vida… tal vez a eso se refiera.
Creo que esto no significa olvidarse de uno, el principito también cuida cotidianamente de su planeta además de su rosa, sabe que hay otras tan o más bellas que ella, pero solo se siente responsable por ella.
¿Qué es ser responsable por algo? Es darle un sentido coherente a nuestra existencia. Cuando a un niño le encargan que se responsabilice por su cuidar de su perro, él se siente valioso, su vida cobra valor porque tiene la posibilidad de trascender sus límites, salirse de su ego, esa cárcel lujosa y dorada que nos hace creer que somos solo de allí. El niño necesita volver a Ser con lo que lo rodea, y así se siente pleno.
Los adultos creemos que alimentando nuestro ego seremos plenos. Por ello buscamos títulos, reconocimientos, aplausos, amigos virtuales, apariencias, éxitos. La soberbia, el pecado favorito del demonio según la película del abogado del diablo.
¿Qué pasa cuando damos pero no sentimos recibir? ¿Qué cuando notamos que nuestra rosa es egoísta, y que no será ella quien satisfaga nuestro ego, o quien “nos conduzca a nuestra esencia”, porque es solo una rosa, y las rosas no ayudan, solo se muestran?
¿Es en ese momento cuando debemos decidir buscar algo más que no sea una rosa, alguien que sí complazca nuestras ansias de sentirnos valorados? O es tal vez el momento para entender que los demás no deben sernos útiles para nada, que el sentirnos valorados no es tan importante como el sentir que valemos.
Tal vez es momento para admitir que una parte de nuestra se fue con la rosa, y que esa pérdida debe comenzar a ser consciente y convertirse así en un acto de verdadera generosidad.
Es momento quizás de creer en los demás, de creer en la vida, en que aquello que se nos presentó tentador y nos hizo olvidar quiénes éramos y qué queríamos de nuestra vida, no fue un descuido de nuestra parte, no fue tampoco obra del mal que habita en el universo, sino simplemente la oportunidad de aprender a amar verdaderamente, sin temores, sin cuidado, porque mientras cada uno cuide su planeta nos sentiremos libres para amar a quién sea.
Dejar ser, permaneciendo al lado…

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